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Miguel Alberto Guillén: “Creo que seguimos siendo demasiado condescendientes con el intrusismo en jardinería o en lo que ahora han venido a llamar ‘infraestructuras verdes’”

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Miguel Alberto Guillén Pérez (Cartagena, 1963) es doctor ingeniero agrónomo en especialidad generalista, con treinta y cinco años de experiencia profesional en las tres Administraciones Públicas. Colaboró en la creación de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), donde completó sus estudios e impartió clases como profesor asociado entre 1999 y 2006. En 1988 se convirtió en el primer ingeniero técnico agrícola municipal del Ayuntamiento de Cartagena, y en 2021 en el primer ingeniero agrónomo. En 2017 se doctoró cum laude en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica de la UPCT con la tesis "Evolución de los espacios públicos históricos ajardinados en el casco antiguo de Cartagena. Búsqueda de consenso en la intervención". Se define como creativo polifacético, temperamental, de alma abierta e inquieta y siempre dispuesto a colaborar en temas sociales y a seguir aprendiendo.

 

¿Cómo cree que percibe la sociedad a los ingenieros agrónomos?
Pues creo que depende de la localidad. Hay ciudades y, por supuesto, pueblos donde, bien por vínculo económico directo o por tradición cultural o histórica, se percibe aprecio e incluso, respeto a lo que representa el ingeniero agrónomo. Sin embargo, hay lugares donde sigue siendo visto como una figura extraña al medio y menos instruida para este. Podría ser este el caso de Cartagena, donde subyace algo sociológico que hace clasificar las ingenierías. Es en estos ambientes hostiles en los que más deberíamos incidir en explicar cuáles son las atribuciones profesionales en las que puede intervenir un ingeniero agrónomo.

 

<<Es la deontología profesional, tanto personal como, por extensión, la del colectivo, la que hace conservar la confianza en la credibilidad de los ingenieros agrónomos como consultores o asesores de particulares, empresas o de la Administración>>.

 

¿Cuáles cree que son las claves del éxito en nuestra profesión?

A bote pronto, veo dos claves: Primero, que es una de las pocas titulaciones a las que la legislación reconoce explícitamente tantas competencias profesionales. Y segundo, que muchas de esas competencias se pueden encontrar siempre sobre una mesa: en la necesidad básica del ser humano de alimentarse. El resto está en el propio medio en el que este se desenvuelve.

¿Cómo los ingenieros agrónomos han conseguido ganar la confianza de los ciudadanos?

Está claro que la mayoría de los resultados de su trabajo son evidentes a corto y medio plazo, por el avance en las técnicas de producción y manufactura, que han llevado con eficacia alimentos de calidad. O por la conservación y mejora del paisaje urbano, por ejemplo. Pero, por supuesto, es la deontología profesional, tanto personal como, por extensión, la del colectivo, la que hace conservar la confianza en la credibilidad de los ingenieros agrónomos como consultores o asesores de particulares, empresas o de la Administración. 

 

 ¿Qué hemos aportado a la sociedad a lo largo de las últimas décadas?

Hemos evolucionado con los avances científicos y técnicos, adaptándonos a cambios sociales y legales. A pesar de todo, permanecemos vinculados a la tierra y a las necesidades humanas. Aprendemos de errores del pasado e incluso admitiéndolos, no serían un fracaso si se estima que se hayan podido evitar hambrunas o penurias con graves consecuencias para la estabilidad mundial. En cuanto a lo que más he dedicado tiempo, el ingeniero agrónomo consigue mantener el jardín a la altura del hombre, en el lugar donde suele reencontrarse consigo mismo o con el creador y que representa el pensamiento, la razón, el estudio, el arte, la cultura, los sentimientos y la naturaleza humanizada y hasta la matemática... todo eso que, en el mismo medio, nos diferencia del resto de animales.

En su currículum destaca un potente afán por formarse en diferentes ámbitos. ¿Es algo que han de llevar en su ADN los ingenieros agrónomos?
Siempre hay que recibir formación para poder aportar a los demás. Y si uno quiere que se estime su profesionalidad, hay que estar al día. En general, en ingeniería (disciplina cuyo origen proviene del estamento militar) hay que ser resolutivo, capaz de dar respuestas rápidas; a veces, inmediatas. Esa circunstancia exige la condición de estudiar todo lo que tenga relación con la especialidad. El caso de la ingeniería agronómica no es peccata minuta. Son demasiados los condicionantes y factores en cada uno de los ámbitos de intervención.

 

<<El ingeniero agrónomo consigue mantener el jardín a la altura del hombre, en el lugar donde suele reencontrarse consigo mismo o con el creador y que representa el pensamiento, la razón, el estudio, el arte, la cultura, los sentimientos y la naturaleza humanizada>>

 

Es usted especialista en jardinería y dedicó su tesis a la evolución de los jardines de la ciudad de Cartagena. ¿Cómo ha sido esa evolución?
Decir especialista en jardinería son palabras mayores. Más bien, he podido trabajar en gestión pública de jardines. En un momento que se lleva lo ex novo, conocer la historia y la geografía es buen tratamiento para esta moda de redefinir una y otra vez los "espacios históricos ajardinados". Y el caso es que aplaudimos cuando desaparece alguno, dando paso a nuevos espacios urbanos, sin el verde y sin alma. Hace más de un siglo que cuentan con nosotros solo en parte de la intervención y, escasas veces, se nos permite diseñarlos o colaborar en fase de proyecto. Creo que seguimos siendo demasiado condescendientes con el intrusismo en jardinería y en lo que ahora han venido a llamar "infraestructuras verdes".

Ha trabajado usted en la administración local, la autonómica y la nacional. ¿Hay mucha diferencia entre ellas?
Todas suponen un reto para cualquier ingeniero. La Administración del Estado es la más purista e ideal para trabajar un funcionario que se haya preparado para cumplir y hacer cumplir la Ley. La Autonómica es la más reciente y, por tanto, la que, al continuar definiendo competencias y procedimientos, resulta siempre ilusionante. La Administración Local, la más antigua que dio origen al reino, es la más cercana al ciudadano y, por ese motivo, tiene servicios que exigen un ritmo trepidante, donde todo se supedita a intentar dar respuestas a demandas, escenario que a veces dificulta procedimientos y complica cualquier justificación técnica.

 

<<Sin duda, dedicar tiempo a la docencia con jóvenes es lo que realmente te mantiene vivo>>.

 

Es usted polifacético. ¿Cuál de todos los trabajos que ha desempeñado le ha llenado más?

Solo hay satisfacción del "deber cumplido" en la labor inspectora, informar licencias de actividad y en revisiones catastrales. Intentar cambiar el paisaje urbano llena, pero es complicado y, como se sabe, breve en alegrías y plazos. Me quedo más con la producción del vivero municipal (en broma siempre digo que somos los únicos que producimos algo). Más grato es todo lo que ha tenido que ver con agricultores y ganaderos. Trabajar con ellos es lo más satisfactorio de mi vida profesional. Pero, sin duda, sacar tiempo para la docencia a jóvenes estudiantes es lo que realmente te mantiene más vivo.

Háblenos de su faceta como docente. ¿Cuál es el nivel de los alumnos de la UPCT? ¿Se diferencian mucho de los estudiantes de su generación?
Mucho han cambiado los estudios desde aquel peritaje vinculado a la Politécnica de Valencia. En cuanto a ingenieros técnicos agrícolas o a ingenieros agrónomos, tuve mucha suerte al compartir pupitre con compañeros de lujo en ambas promociones. No obstante, intuyo que el interés y el compromiso de la mayoría de los estudiantes actuales sigue siendo mayor que el de alumnos de otras titulaciones. Esta profesión debería ejercerlas quienes realmente tuvieran interés o alguna vocación.

¿Cómo definiría la evolución que ha experimentado nuestra profesión en las últimas décadas?
Hemos avanzado fundamentalmente en aspectos de participación en la investigación y desarrollo y en la contratación de técnicos de campo. Aunque, por mi experiencia, desde el lado de la Administración, debo recordar que los ingenieros agrónomos franceses nos envidiaban en algo que estamos dejando en un segundo plano: las competencias en ingeniería civil a la que pertenecemos con unas ocho más. Pienso que no todos podemos dedicarnos a investigar, a diseñar aplicaciones informáticas o a publicar artículos científicos... ¡ojalá! Lo que sí observo es que la sociedad demanda ingenieros agrónomos. Eso demuestra que la profesión sigue muy viva, tanto por ser necesaria, como porque la formación se ha ido adaptando a las nuevas exigencias europeas.

 

<<Intuyo que el interés y el compromiso de la mayoría de los estudiantes del actual grado de ingeniería agronómica sigue siendo mayor que el de alumnos de otras titulaciones>>.

 

¿Qué amenazas acechan a la profesión?
Sin querer ser corporativista, una amenaza es el intrusismo, con o sin título. Para ello solo podemos exigirnos más formación, para que así se demande por quien debe discernir. Para muchos, en nuestro sector "todo vale". Y, efectivamente, aunque todo el mundo tiene su validez, deberíamos evidenciar lo que puede suponer para un cliente o empleador contar con los servicios de un ingeniero agrónomo. No hay que menospreciar a los demás, porque la pelota la tendremos siempre sobre nuestro tejado. En el problema del Mar Menor, por ejemplo, se nos ha consultado bien poco y seguro que tendríamos mucho que decir... y hacer.

¿A qué retos nos enfrentamos?
Sucesión de crisis, conflictos, distribución de alimentos, incremento de intermediarios, países productores sin control, precio de combustibles, agricultura regulada, despoblación o emigración de población rural joven, los grandes inversores atrevidos y, por supuesto, la limitación de recursos hídricos, las soluciones basadas en la naturaleza... traerán nuevos retos. El cambio climático seguirá, como siempre, desde antes de que el hombre lo fuese. En fin, otra vez la historia y la geografía: nada nuevo. Los retos profesionales son cada vez mayores (también en la Administración), pero hay que tener confianza en el hombre, en la ciencia y en la técnica. Hemos demostrado capacidad de adaptación y superación. Ahora, además, las respuestas son cada vez más rápidas.

¿Cuáles son los sectores de futuro para los ingenieros agrónomos?
Sin tener una bola de cristal, creo que la evolución de las nuevas tecnologías aplicadas, de rutinas de programación, de técnicas de aprovechamiento o autogeneración de energía, la generación y conservación de agua, las nuevas variedades de especies adaptadas al medio, la conservación de alimentos, el control de cultivos o la naturación urbana, son ya el presente de un futuro inmediato del que, seguro, seremos testigos. Pero que no se nos olvide que "la agricultura es el arte de saber esperar".

 

<<Sucesión de crisis, conflictos, problemas de distribución de alimentos, incremento de intermediarios, precio de combustibles, agricultura regulada, despoblación o emigración de población rural joven, los grandes inversores atrevidos y, por supuesto, la limitación de recursos hídricos, las soluciones basadas en la naturaleza... traerán nuevos retos>>.

 

¿Cree necesario los colegios profesionales?
Más que nunca. El colegio profesional sigue siendo una garantía imprescindible de independencia, ética y profesionalidad para el ciudadano en la ordenación de la profesión y, además, una protección para el ingeniero, que no la da otro tipo de asociación. En el caso del COIARM, además, se ha ido actualizando y permanece muy presente en la sociedad regional, no solo como interlocutor con la Administración o representación social, sino también en su labor de colaboración con otros colegios y asesorando a las instituciones del país.

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